Singing Power to the Women

Singing Power to the Women, right on!!

Si queremos vivir en sociedades igualitarias, a las mujeres no nos debe definir nuestra condición biológica ni mucho menos la social; pero lo cierto es que, junto con la pertenencia étnica, el color de la piel, la edad, la discapacidad, el estado civil, las opiniones o la preferencia sexual de las mujeres, la discriminación sigue siendo un acto cotidiano, a pesar de los avances.

La desigualdad de género se expresa en muchas dimensiones de la vida de nuestras sociedades, tanto en las más industrializadas como las de países en desarrollo, lo que nos lleva a la conclusión de que hay que transformar las condiciones institucionales y las normas sociales que perpetúan un trato desigual y menores oportunidades para las mujeres en el ámbito laboral, político, económico, cultural y social.

El tan mencionado carácter transformador de la Agenda 2030, justo tiene en este cambio institucional un importante detonador para modificar la situación de millones de mujeres y niñas en todo el mundo. El ODS 5, orientado a lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas, contiene metas y medidas específicas para el empoderamiento de las mujeres y el cumplimiento de sus derechos mediante la eliminación de prácticas sociales e institucionales nocivas. Cabe resaltar que la Agenda 2030 es sensible al género, pues en sus 17 ODS al menos 12 cuentan con una meta específica para mejorar las condiciones de vida de mujeres y niñas.

La meta 5.4, por ejemplo, reconoce el valor de los cuidados y el trabajo domésticos tradicionalmente a cargo de las mujeres, trabajo que difícilmente se remunera o se reconoce en su justa dimensión. Esta misma meta incorpora el papel de los hombres y los niños varones al promover la responsabilidad compartida en el hogar y la familia, lo que deberá contribuir, sin duda, a redefinir las masculinidades para el siglo XXI y las relaciones de poder y de convivencia cotidiana entre hombres y mujeres.

Así pues, el ODS 5 contiene metas específicas para eliminar todas las formas de discriminación y violencia hacia mujeres y niñas en los ámbitos público y privado, la explotación sexual y de otra índole, así como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina. Son metas en las que deberán seguir trabajando todos los países desde el plano gubernamental-legislativo a fin de contar con instituciones y legislaciones no discriminatorias y protectoras de los derechos humanos. Pero no queda duda del lugar que tenemos como comunidades y familias para el empoderamiento de las mujeres en todos los aspectos, desde la participación política o empresarial hasta el ejercicio libre y pleno de la sexualidad y la decisión sobre nuestros cuerpos.

Congratulémonos, pues, de contar con un instrumento poderoso con la Agenda 2030, a nivel nacional y local, para alcanzar una igualdad sustantiva, en la que mujeres y hombres tengamos las mismas condiciones y oportunidades de desarrollo y participación.

SOBRE LA AUTORA:

Bibiana Gómez Muñoz es especialista en temas de desarrollo, derechos humanos e igualdad entre los géneros. En los últimos años ha dedicado su trabajo a la construcción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

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