La revalorización de las artes y oficios del libro como factor multidimensional de cultura

La revalorización de las artes y oficios del libro como factor multidimensional de cultura

A Luis Lledías. In memoriam.

 

Tal vez alguien recuerde a Óscar Amalfitano, el profesor chileno emigrado al pueblo de Santa Teresa en la novela póstuma 2666 de Roberto Bolaño, colgando un tratado de geometría en el tendedero de su casa, para que el libro se empolvara y ensuciara, para que con el contacto del viento, lluvia y tierra, perdiera su solemnidad tan académica y aprendiera cosas de la vida.  “Empaparse de realidad”: la figura poética funciona también a la inversa; el libro tiene un espíritu (el contenido) y un cuerpo (su continente); cuando tomamos un libro entre nuestras manos, ¿sabemos algo sobre ese “cuerpo”, sobre el origen de sus materiales, cuáles y cuántas las herramientas que lo hicieron posible, o tenemos algún dato sobre las técnicas que -celosamente guardadas en el oficio-, ahormaron los días y noches de un encuadernador? Preguntarse en un sentido profundo, qué es ese objeto al que llamamos libro, es devolverle un rostro.

La Segunda Expo-Feria Nacional Artes y Oficios del Libro, del 6 al 9 de octubre de 2016 en el Patio Central Octavio Paz, de la Biblioteca de México, estará encaminada a poner de relieve el valor del libro artesanal, generar conocimiento sobre sus actores (encuadernadores, calígrafos, tipógrafos, impresores), productos y servicios (cuadernos y papeles artesanales, libros de artista, insumos y materiales para encuadernación, diseño editorial, conservación y restauración, entre otros) y promover el acercamiento entre ellos y el gran público. La especificidad de este encuentro apoyado por el CGCID radica en la construcción de un concepto multidimensional de cultura y desarrollo, esto es, que mediante una estrategia interdisciplinaria se logre el fortalecimiento de la red de microempresas y talleres artesanales que se articulan en torno a la producción y circulación del libro, a través de elementos como el intercambio de ideas y técnicas para la encuadernación (buscando por ejemplo, problematizar la jerarquización que existe actualmente en su variante academicista y artesanal), la incorporación de nuevos actores en el sector (como lo puede ser un público conocedor que incida positivamente en el valor percibido del libro actualmente, y para el futuro, la integración de niños y jóvenes a estas actividades), y en general, la ampliación y profundización de estos encuentros para que se articule el fortalecimiento de las capacidades tanto humanas como técnicas en torno a las artes del libro.

La colectividad en torno al circuito libresco y sus artefactos se han transformado a lo largo de los siglos, y son herederas de un espacio que hoy en día es polifónico.  En el encuentro, además de la exposición de talleres y microempresas, participarán conferencistas y talleristas que expondrán distintas formas de pensar al libro desde una visión interdisciplinaria. De especial interés es la exposición “El solitario libro de Coro de la Biblioteca de México”, donde podremos asombrarnos con el significado de los colores y materiales específicos que se utilizaban en la elaboración del libro, así como revalorizar el misterio que guarda dicho libro.

Es decir que, aún en sociedades como la nuestra, donde la “pasión bibliocida” ha sido una tendencia generalizada que ha dispersado bibliotecas en tiempos de guerras y avatares políticos, o que por simple estulticia, negligencia u ocio ha conllevado la destrucción y rapiña de la abrumante mayoría de nuestra producción escrita, existen espacios de resistencia y construcción de la memoria cultural.

Uno de ellos, por supuesto, es la biblioteca pública en su acepción moderna; con su política de resguardo y adquisición, resignifica desde el Estado una labor que iniciaron eruditos y sabios de distintos momentos históricos, quienes -mediante incontables desvelos- seleccionaron y conservaron ciertos libros y códices.  Para el caso de la Nueva España, por ejemplo, muchas veces el transporte de los libros hacia el interior debía realizarse a lomo de mula, lo cual “las dejaba muy maltrechas”, por lo que los arrieros se negaban a realizar este trabajo, o lo hacían despojando a los libros de sus elementos más pesados (la portada y contraportada, o los broches –sobre todo si tenía elementos valiosos). Esquivar la censura, conseguir los materiales para escribir y encuadernar, pagar las empresas editoriales, formar un equipo capacitado al interior de los talleres, entre otras, eran algunas de las muchas situaciones a las que se enfrentaba la producción y circulación material del libro.

Actualmente, los retos que enfrenta el libro son otros, aventuramos la mención de algunos. Están los de tipo técnico y que involucran al factor tiempo, como la futilidad de materiales utilizados -pensemos en el gran problema de acidez de todo el papel usado desde finales del siglo XIX hasta antes de la década del 80 del siglo pasado, que pone irremediablemente en peligro toda la producción escrita durante el siglo XX-.

En efecto, la pérdida de información y la desmemoria tiene que ver con otros retos que se relacionan con el cambio de soporte (por ejemplo, hacia lo digital), proceso que ha sucedido ya con anterioridad y que ineludiblemente conlleva una selección de materiales; pero que según otra perspectiva también se pueden alimentar y complementar como herramientas de conocimiento.

Mientras continuemos nutriendo con información e intercambio de métodos, herramientas, y profesionalizando las capacidades humanas, el circuito de producción y consumo del libro artesanal seguirá siendo un ámbito de valor dentro de la esfera de la producción artesanal mexicana.

Al respecto, un encuadernador artesanal alemán en medio de la vorágine industrial, a principios del siglo pasado, publicó un tratado que remite a los mismos valores de esmero y cuidado que se expresan actualmente en el oficio:

Encuadernador: … es una herramienta inofensiva pero trascendental.  Le llamamos plegadera de hueso (…) con ella, puedo trabajar una colección de papeles y convertirla en un libro.  Es una extensión de mis manos, y sirve como recordatorio permanente sobre el valor del buen trabajo artesanal, aún cuando el oficio no tenga más el aura que alguna vez tuvo.

Bibliófilo: Así es, Maestro.  Como bibliófilo, sé cómo valorar una encuadernación fina.  Simplemente no encuentro placer alguno en leer un libro feo, pobremente encuadernado, que se deshace mientras lo voy leyendo.  En contraste, un libro indestructible, bien encuadernado, me ayuda a transportarme al exacto lugar y tiempo de la historia, y me ayuda a evocar las sensaciones que necesito cuando estoy leyendo (…).

Der Pressbengel (1922), Ernst Collins.

 

 

Para saber más:

Lucien F. & H. J. Lucien Martin. (2005). La aparición del libro. México: FCE. [1984]

González, E. (2009). “Libros de Flandes en la Nueva España”. En Werner T. & Stols E.,Un mundo de papel. Libros y grabados flamencos en el imperio hispanoportugués siglos XVI-XVIII. Bélgica: Acco.. Disponible en: https://www.academia.edu/9246314/LIBROS_DE_FLANDES_EN_LA_NUEVA_ESPA%C3%91A

Marcuse H.. (1968). El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. Barcelona: Planeta D. Agostini.[1993] Disponible en: https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2013/10/marcuse-el-hombre-unidimensional.pdf

Polastron L.. (2007). Libros en llamas. Historia de la interminable destrucción de bibliotecas. México: FCE. [2004].

Collin E.. (1922). The Bone Folder: a dialogue between an aesthetically inclined bibliophille and a well versed in all aspects of the craft bookbinder.  (Der Pressbengel, Euphorion Verlag, Berlin, 1922). Disponible en: http://www.philobiblon.com/pressbengel/pressbengel-en.shtml

Sobre la autora:

Mariana Coronel es especialista en América Latina por la UNAM y por la FU-Berlín;  ha trabajado con un enfoque interdisciplinario en proyectos de investigación académica y aplicada en temas de diversos tópicos relacionados con la cultura.

Apasionada del lenguaje escrito (en la lengua propia y ajena).

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