La Ciudad de México, una apuesta hacia la Resiliencia

La Ciudad de México, una apuesta hacia la Resiliencia

El día 6 de septiembre de 2016, la Ciudad de México se convirtió en la primera ciudad del país en contar con una estrategia de resiliencia al presentar el documento denominado “Estrategia de Resiliencia CDMX: Transformación adaptativa, incluyente y equitativa (ERCDMX)”[1]. Lo anterior tiene como antecedente que la ciudad forma parte -desde 2013- del programa 100 Resilient Cities (100RC), auspiciado por la Fundación Rockefeller y que incluye a las ciudades de Colima, Guadalajara y Juárez -en el ámbito nacional- y Rio de Janeiro, Barcelona, París, Los Ángeles, Bangkok y Londres, entre otras -a nivel internacional-.

Actualmente, la Ciudad de México se encuentra en un momento político interesante y de reconfiguración, pues atraviesa por el proceso de legislar su Constitución, en este contexto, la ERCDMX se suma a la tendencia, del gobierno en turno, de manifestar -discursivamente- el carácter participativo e incluyente en la elaboración de sus políticas públicas.

En este sentido, la iniciativa 100RC tiene como propósito “ayudar a ciudades alrededor del mundo a volverse más resilientes[2] a los desafíos físicos, sociales y económicos que forman parte creciente del siglo XXI”; en el caso de la Ciudad de México, implica hablar -cuando menos- de las problemáticas en torno al agua, la coordinación metropolitana, la distribución espacial de la oferta de empleo, el transporte público y la movilidad, el acceso a vivienda, el ordenamiento de los asentamientos irregulares y la contaminación; por supuesto, reconociendo que la planificación urbana y territorial es cada vez más compleja, como se explícita en los Cinco Ejes Estratégicos del documento recién publicado.

Al respecto, más allá de realizar un desglose puntual de la Estrategia, resulta apropiado hablar de resiliencia en un momento en que las ciudades se posicionan como actores centrales en los debates internacionales de desarrollo y, que Saskia Sassen cataloga, como espacios y actores cada vez más estratégicos; pero en donde los procesos de polarización económica, social y espacial[3] son evidentes. Esta realidad, nos reitera como habitantes de la ciudad la necesidad de pensar otras estrategias para, por un lado, revertir la inherente exclusión social y cuestionar cómo el urbanismo se ha venido desplegando. Por otra, cómo nos posicionamos frente al espacio público que, desde su dimensión política, se constituye como espacio de encuentro y contenedor de la diversidad y las diferencias.

En la ERCDMX se reconocen una serie de tensiones a las cuales se enfrenta la ciudad, destacando un alto nivel de inequidad, pobreza y concentración de la riqueza[4], lo cual coincide con los planteamientos de Sassen, quien ubica a la CDMX en el grupo de ciudades que a nivel mundial han experimentado un marcado aumento en las transacciones en los mercados financieros, el comercio de servicios y la inversión, pero también ha propiciado la agudización de la desigualdad en la concentración de recursos estratégicos (Sassen, s.f., pág. 38).

Dicha Estrategia representa un Plan de Acción[5] que, acorde al documento, planea articularse para generar soluciones a las problemáticas identificadas, de la mano de los sectores público, privado, organizaciones no gubernamentales y proveedores, a partir de redes colectivas y esfuerzos conjuntos. No obstante, ante la complejidad de lograr un urbanismo inclusivo, es necesario entender que el espacio público urbano responde a elementos multifactoriales, en los que -como elemento imprescindible- la sociedad debe ser concebida como un organismo vivo y en constante transformación, en cuyo marco, el término resiliencia posee un carácter abstracto pero transversal.

Por ende, para su implementación, será vital lograr articular una base de confianza sobre la ciudadanía, a fin de involucrarse en este proceso; más aún, será fundamental que el gobierno de la ciudad demuestre ese carácter participativo, colectivo e incluyente, respetando las demandas y agendas ciudadanas que se concierten durante la ejecución. En este sentido, retomando los aportes de Sassen, en la acción de “hacer” (making, en original), el espacio público se vuelve significativo.

 

 

[1] Disponible para consulta en: http://www.data.sedema.cdmx.gob.mx/resiliencia/descargas/ERCDMX.pdf

[2] Acorde a la definición que adopta la Ciudad de México, Resiliencia es la capacidad para sobrevivir, crecer y adaptarse que tienen las personas, comunidades, empresas y sistemas que están dentro de una ciudad, independientemente de las tensiones crónicas e impactos agudos que experimenten. No obstante, el término posee múltiples acepciones según la disciplina desde la cual se interprete.

[3] A partir de una doble condición que la socióloga holandesa reconoce, donde confluyen importantes montos del capital globalizado, pero también reúne una vasta aglomeración de los más desfavorecidos de la sociedad (Sotomayor & Manito, Entrevista con Saskia Sassen).

[4] La gráfica completa puede ser consultada en la pág.34 del documento ERCDMX.

[5] Metas planteadas para el período 2016-2018 y otras para 2016-2025.

Sobre el autor:

Marcos J. Reyes Juárez. Economista y Maestro en Cooperación Internacional para el Desarrollo, con interés en las miradas alternativas al desarrollo. Músico a momentos.

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